El silbo era un elemento imprescindible en la vida de los gomeros, pese a que la población vivía sin teléfonos, telégrafos o el WhatsApp de hoy en día, la isla estaba prácticamente comunicada al cien por cien, porque los mensajes se transmitían de un lugar a otro en apenas unos minutos.

Si bien el silbo era usado para problemas cotidianos de una población mayormente campesina, este tomaba un papel más relevante cuando la muerte llegaba a una vecindad.

Si nos remontamos a la primera alusión documental donde se ven unidos el silbo en La Gomera y la muerte, debemos hacer mención al episodio de la muerte de Hernán Peraza el Joven. Después de que el conde Hernán Peraza se reuniera con la aborigen Iballa en La Cueva de Guaedún y a su salida Hautacuperche le arrebatara la vida, el silbo comenzó a recorrer la isla llevando de un valle a otro tan funesto mensaje.

Mas recientemente y mediante la oralidad llegan hasta nuestros días historias, cuentos, anécdotas, donde descubrimos el papel fundamental que cumplía el Silbo Gomero cuando la muerte llegaba a los pueblos de la isla.

La forma común de actuar cuando se producía el fallecimiento de algún vecino, en una isla en donde las edificaciones y barrios se encontraban dispersos o alejados de los cascos de municipios, era transmitir de un grupo de casas a otro el fatídico mensaje, con la condición de que la persona que lo recibía, debía volver a silbar la información al siguiente conjunto de casas, hasta que el mensaje finalmente llegara a su destino.

La frase silbada era la siguiente “Cesareo Martín ha muerto” seguido siempre de “corran la voz”. Quedaba clara la pérdida del vecino o vecina y la obligación de seguir con el mensaje hasta que todas las personas se dieran por enteradas.

 

Velas. El silbo gomero y la muerte

 

El silbo usado para comunicar un fallecimiento no era un silbo tajante y rápido como se usaría para dar un mensaje cotidiano, sino que era un silbo pausado y prolongado al final de las frases. Por este singular sonido que alargaba el mensaje, cuando el silbo era escuchado en la oscuridad de la noche estremecía a la vecindad, poniendo en alerta a los silbadores y silbadoras de la zona para ver si era necesario recoger el mensaje y volver a silbarlo, para que el mensaje continuara su camino.

Son relevantes las anécdotas de caseríos como el Cedro, Los Aceviños o La Palmita, barrios alejados de los cascos municipales y donde el silbo debía recorrer primero el caserío, para posteriormente con un silbador colocado en La Boca del Chorro, La Pista del Cura y Abrante, respectivamente, enviar el mensaje a Hermigua y Agulo.

Primero anunciar la muerte por ejemplo para que los jornaleros pidieran el día para acompañar en el sepelio pero también concretar la hora del entierro con el sacerdote, solicitar la caja común para cargar hasta el cementerio municipal al fallecido, convocar a acompañantes para el velatorio o pedir al sorchante de la parroquia que doble las campanas en señal de muerte.

El Silbo Gomero se oía en los valles y montañas de la isla a cualquier hora del día, pero si la cadencia cambiaba y el tono del silbo se alargaba al final de las frases, todos los demás silbos callaban para estar atentos al fatídico mensaje. El silbo Gomero es un auténtico medio de comunicación para ser usado en hechos cotidianos de la vida pero también para anunciar la muerte.